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El Baile de los Debutantes en Mérida: anacronismo disfrazado de tradición

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Con miras de que se realice a finales de este año, el baile de los debutantes es uno de los eventos más importantes de la élite tradicional meridana, donde muchas familias se pelean su estatus en una actividad anacrónica que intentan pasar por una tradición.

La investigadora Eugenia Iturriaga Acevedo describe perfectamente este evento en su libro “Las élites de la Ciudad Blanca: discursos racistas sobre la otredad”, donde cada 31 de diciembre, las jóvenes de 17 años que pertenecen a las familias más adineradas e influyentes se presentan ante la sociedad.

Este evento “tradicional” para la élite se realiza en el Club Campestre, donde son los descendientes de los hacendados más ricos de principios del siglo XX quienes tienen las mejores mesas en este baile.

En su libro, Iturriaga Acevedo relata que muchas personas son socios del club solo para asistir a los bailes o para que sus hijas debuten cuando cumplan los 17 años, ya que no solo es un evento importante para los asistentes, sino que también el Diario de Yucatán hace una cobertura impresionante año con año.

En este baile de gala no solo se presentan a las jóvenes, también es exponer el apellido, el capital económico y social, un evento perfecto para escalar socialmente.

El baile es el resultado de un largo ritual. Los miembros de la mesa directiva del club escogen, entre las socias próximas a cumplir 17 años o con 17 cumplidos, a la joven que ellos desearían que fuera la “reina”.

Esta coronación no solo eleva el estatus de la familia de la joven, pues que sea coronada es sinónimo de capital económico y social de la familia, ya que es el padre quien pagará los siguientes bailes y eventos organizados bajo el reinado de la hija.

Si el padre acepta el compromiso, su nombre saldrá anunciado como todo un logro en el Diario de Yucatán.

Pero la reina de esta fiesta anacrónica no puede provenir de cualquier escuela, pues es a partir de ahí que la élite tradicional va marcando sus fronteras, pues recordemos que no cualquiera puede formar parte de él.

Hoy en día las debutantes son estudiantes únicamente del Colegio Mérida y el Godwin, donde se concentra la mayoría de las “niñas” de la élite tradicional. De escuelas como el Teresiano y el Rogers ni se hablan, pues aunque vengan de familias con mucho dinero, sus apellidos no son “conocidos”.

Si bien hay jóvenes que buscan debutar, pues anhelan escalar en la élite, otras son obligadas por sus padres a participar, pues hay que buscar marido con dinero y apellido para seguir hasta arriba.

Una de los testimonios le declaró a Iturriaga Acevedo que se sentía como en la feria de Xmatkuil, ya que son expuestas como ganado para que alguien las termine comprando.

“Los rancheros las ven y escogen las que les gustan. Allá en el Campestre es lo mismo”.

El vestido también marca una pauta de estatus, pues las familias más adineradas van a Nueva York, Miami o Houston; las que tienen menos poder adquisitivo van a las boutiques de Mérida.

Los padres son quienes presentan a las hijas en el evento, su ritual consiste en regalarles una orquídea que se ponen en la mano y posar para el fotógrafo del Diario de Yucatán.

Las últimas en entrar al salón son las “soberanas”, entrante y saliente, quienes también se fotografían juntas, acompañadas de sus padres y del presidente de la mesa directiva del club y su esposa.

Las reseñas de los bailes y las fotografías de las jóvenes de élite en los periódicos locales son una práctica antigua. En La Revista de Mérida, antecedente del Diario de Yucatán, se publicaban los anuncios de los bailes, las reseñas de éstos y fotografías de estudio de las jóvenes de élite.

El baile se prolonga hasta el día siguiente, se recibe el año nuevo con familiares y amigos. Este baile es un espacio privilegiado para mantener el estatus de la “familia conocida”.

Esta práctica se remonta al siglo XVIII, cuando el rey Jorge III del Reino Unido celebró una fiesta en honor a su mujer, la reina Carlota, con el fin de instruir a las jóvenes en la vida social.

Con una aura aspiracionista a la banquitud y la realeza europea, este 31 de diciembre regresaría este evento, pues ni la pandemia del Covid-19 puede detener a la élite de nuestra querida Ciudad Blanca.

Texto: Redacción
Imagen: Cortesía

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